martes, 10 de marzo de 2009

Fotos Tamaño Infantil



Me fuí en el recorte de diciembre. El diario local donde trabajaba debía elegir entre el personal con mayores prestaciones o continuar con las prerrogativas gerenciales, que incluyen colegios privados para los hijos y 300 mil pesos mensuales para el director general. La crisis de los medios escritos es solo para los empleados; los dueños siempre tendrán magnates a quienes malvenderle sus principios éticos: pero me estoy desviando del tema.

Acabé trabajando en un estudio fotográfico, de los pocos que han sobrevivido a la digitalización, y el único que realmente se mantiene próspero. El dueño es padre de una fotógrafa artística muy pretenciosa y de una músico, talento local y orgullo de la familia. Ahora soy el más mediocre de mis hermanos: tomo y edito imágenes, mejoro la resolución y preparo videos, lo mismo que en el periódico, pero sin el glamour propio del gremio. No importa, ya no tengo pretenciones.

Ahora me sucede algo insoportable: no logro descontextualizar las fotos que edito. Antaño contemplaba muerte, sangrita y desmadre. Policías, detenidos y atropellados; lo más amable eran fotografías políticas de algún diputado regordete captado en plena declaración mientras sacude la papada y crispa los ojos enérgico. Yo no tenía nada que ver con sociales o espectáculo, y ahora en mi trabajo actual me siento humillado, y cada vez que contemplo las jetas de los clientes, en sus quinceaños, sus bodas, graduaciones o aquelarres ridículos, con sus arreglos, su exceso de maquillaje y sus sonrisas forzadas, me entretengo imaginando quienes son, que hacen, que harán.

Esa costumbre resalta la humillación de ser un pinche retratista, o el zoquete malvestido que corre por todo el salón social o patio, cámara en mano, arengando a la gente para que pose, para que sonría. A ver, sonrían, a la una, a las dos, listo. Luego llegar y en la computadora entretenerme viendo las caras de los recién casados, mientras pienso, o me imagino: cómo le gustará a ésta, quién engañara primero, cuánto durarán casados. Tengo 40 años: creo que es normal sentirse así cuando tus diminutas ambiciones profesionales se difuminan en un ataque de risa loca reprimida.

Lo que si, es que hace quince días abrí lo que queda del periódico donde trabajo - para criticar a los pocos fotógrafos que quedan - y me topé con un rostro familiar: Javier Hinojosa, de 20 años, detenido junto con Fulano y Merengano, en una casa de seguridad donde tenían secuestrado a Sutano de tantas, dueño de un lote de autos. Estaba en la mesa, tomando un café. Tranquilamente abrí mi viejo almanaque hasta hallar una foto mediana de un pequeño bebé sentado precariamente mientras sonríe y mira un punto de una esquina superior. El fondo es difuso, y era por aquellos años cuando experimentaba con la velocidad del obturador y el enfoque del lente. El niño y el joven regordete del periódico son el mismo, son Javier Hinojosa. Yo tenía su edad cuando tomé la foto que guardo en el almanaque. El tiempo lo convirtió en un manguera, en un secuestrador, mafioso de carrera truncada.

El fin de semana pasado me tocó trabajar en un quince años, en el salón Mezzanine, el que está por el bulevar Insurgentes. Comprobé lo ignorante o inocente que soy cuando llegaron unos cincuenta soldados y a punta de rifle y gritos comenzaron a arrearnos y separarnos en mujeres y hombres, sin importar edades. Al final, subieron con todos los hombres, incluidos adolescentes y pubertos, y acabamos en el cuartel militar Morelos. Ahí estaban invitados, meseros, músicos, cantineros, los del sonido y el único fotógrafo. Comenzaron a entrevistarnos; no a todos: se detuvieron cuando hallaron al lugarteniente que buscaban. Se lo llevaron a la Ciudad de México junto con dos policías estatales. Luego nos soltaron.

En la banqueta entendí que habiamos estado más de quince horas detenidos. Era de día y los familiares fueron recibiendo a los que soltaron, la mayoría empleados y adolescentes. No había sol, la tarde incipiente era de un azul gris, y pensé en un enorme foco de flash que languidecía en milésimas de segundo frente al cadaver inflado del último perro callejero de Tijuana. Parpadeé y supe que tendría que caminar hasta el bulevar para tomar un camión. Frente mio descubrí a media docena de mujeres compungidas que recibían a ocho adolescentes. En sus semblantes, mientras eran abrazados por sus madres, adiviné el orgullo elocuente y transgresor de dejar la infancia con la primer anécdota interesante de su recién estrenada vida delictiva. Ya podía verlos, presumiendo a todo pulmón en la secundaria la delicia de haber sido interrogados como capos, y probablemente inventando miradas amenazantes y palabras valentonas.

Caminé con pereza y planeé el resto de la tarde. Pasé por el parque de la Torre Aguacaliente, y entre sus jardineras me hallé un árbol de eucalipto. Tomé unos tallos cortos y los amasé en la mano, hasta que mis dedos emulsificaron recuerdos breves y pausados de mi infancia. Recordé cuando caí de una bicicleta bajando un cerro cualquiera de La Gloria y me rompí el brazo izquierdo. Volví a sentir el temor, el espanto de sentir mi brazo entumido y verlo enrojecido y polveado. Nunca será lo mismo ser niño en ésta ciudad, y no son palabras de viejo. Ahora hay que andarse con cuidado con la infancia tijuanense. Ya no sabemos en lo que se convertirán.

7 comentarios:

Luis dijo...

Muy chingon.

Pero, ¿A poco tienes 40 años?

...

Anónimo dijo...

ahora los niños ya no te dicen mi papa es Superman,ahora te dicen mi papa es narco.

muy buen post.

Kuruni dijo...

Lamentablemente está realista. Este si me gustó :).

Nefesh Bleu dijo...

"El dueño es padre de una fotógrafa artística muy pretenciosa y de una músico, talento local y orgullo de la familia." En este punto me pregunté si estabas en Tijuana. La respuesta me llegó en el penúltimo párrafo.

Como siempre, eres un digno retratista de la realidad que te rodea. Me gusta el aire costumbrista que tienen tus posts.

Enhorabuena.

salaverga dijo...

Jajajaja pinche alien tan delicadito

Anónimo dijo...

muy bueno

Paco dijo...

Jeje, un poco de ficcion por aqui y por alla en tu post pero no podria ser mas real. Me recuerda los comentarios en un post anterior, uno diciendo que todo lo escrito era verdad y otro diciendo que todo era ficticio. Muy buen post.

Blogalaxia